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	<title>Constanza Cofré Berger | </title>
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	<description>Literatura, derecho y experiencias</description>
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		<title>La mudanza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Constanza Cofré Berger]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Mar 2023 11:18:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[cuento corto]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura fantástica]]></category>
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					<description><![CDATA[El doctor se acomodó los anteojos mientras aquella mujer ojerosa de cabello enmarañado le clavaba la mirada tras una insólita petición. Sus manos tiritaban y no era para menos: había pasado un mes desde que un fuerte zumbido la sacó de la cama para sentenciar...]]></description>
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<p>El doctor se acomodó los anteojos mientras aquella mujer ojerosa de cabello enmarañado le clavaba la mirada tras una insólita petición. Sus manos tiritaban y no era para menos: había pasado un mes desde que un fuerte zumbido la sacó de la cama para sentenciar a muerte sus horas de sueño. A partir de ese momento comenzó a escuchar sonidos de todo tipo, como martillos, taladros, muebles siendo arrastrados, música, programas de televisión en idiomas extraños.&nbsp;</p>



<p>Los primeros días buscaba por las ventanas, husmeaba a los vecinos, tocaba a sus puertas exigiéndoles que detuvieran los trabajos de construcción; marcaba a conserjería para reclamar por los ruidos molestos y enviaba constantes correos electrónicos a la administración del edificio para que tomasen las medidas pertinentes, pero nadie estaba ejecutando los ruidos que ella describía; es más, se encontraba viviendo en un edificio que, en su mayoría, era habitado por adultos mayores.</p>



<p>En poco tiempo ella se había transformado en la única molestia dentro de la comunidad. Hasta llegaron a pensar que sufría de alguna especie de enfermedad y cuando la veían de reojo mientras abría el portón susurraban:&nbsp;«ahí viene la loca… la esquizofrénica».</p>



<p>La primera vez que escuchó el extraño zumbido atravesar sus orejas creyó que se trataba de un mosquito. El clima húmedo siempre les caía bien y hacían de las suyas, aunque este debía de ser uno bastante colosal para emitir un sonido semejante, porque, además del susto, tuvo un pitido deambulando por sus tímpanos por al menos tres días. Justo empezaban sus vacaciones, aquellas que había postergado por más de cinco años, porque ella, sin saber realmente por qué, quería cumplir su propio récord de asistencia, trabajar horas extra, llegar tarde a su casa, comer algo rápido y dormirse temprano para estar a primera hora registrándose nuevamente en sus intensas labores de autómata.</p>



<p>Supuso que su estado se debía a la ruptura de su intensa rutina laboral y comenzó a evaluar la posibilidad de cancelar sus vacaciones, pero ¿y si aquellos sonidos no cesaban?, ¿cómo rendiría en el trabajo? Solo pensar en destruir su imagen de trabajadora del año, que, por cierto, no le significaba ningún aumento de sueldo, le hizo desistir. No podría permitirse abandonar el hormiguero.</p>



<p>Las primeras semanas las denominó «de las reparaciones». Ruidos de construcción la acechaban a cada hora, y cuando sus párpados caían un zumbido que retumbaba en sus orejas la hacía despertar. No le daban tregua, conseguir dormir un par de minutos era toda una odisea. Después del zumbido empezaban a mover los muebles, se abrían y cerraban puertas, ¡hasta un taladro había! Y cuando empezaban los «trabajos» también lo hacía una estridente musiquita que sonaba a un ritmo acelerado al compás de la total inclemencia.</p>



<p>Sus ansias de atrapar el silencio sobre su tersa almohada eran insaciables, pero entre más silencio había, más escuchaba cómo sorbían la sopa, los tintineos de cubiertos y ¡hasta eructos! Ante tal falta de decoro, hizo entonces una declaración de guerra y decidió combatir el ruido con más ruido. Durante la segunda parte, titulada «contra el enemigo», se atrincheró en su cama con los cascos pegados a las orejas y la música clásica a todo volumen. Parecía funcionar mientras se hundía en el cansancio de su inesperado insomnio. Se cerró el telón y no hubo más asedios. Después de muchos combates perdidos había obtenido su primera victoria.</p>



<p>Un olor a humo la hizo sentarse rápidamente. Corrió a la cocina, pero nada se quemaba, ni en su casa ni cuando se asomó a inspeccionar los alrededores. Solo era un extraño olor a plástico quemado y un punzante dolor en el lado izquierdo de su cabeza.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Se sentó frente a su taza de café. Lentamente fue cayendo sobre la mesa hasta volver a dormirse. En ese momento pegó un brinco tras un gran&nbsp;<em>tzuuummmmm</em>. Sin ánimos de moverse del suelo quedó observando el techo. Dentro de su delirio escuchó una especie de conversación en una lengua desconocida. Una vocecita chillona conversaba rápido como una ametralladora con otra voz más grave que solo respondía de forma cortante.&nbsp;</p>



<p>En la etapa siguiente, «de las decisiones», buscó ayuda psicológica, pero por más especialistas que visitara, nadie encontraba una cura para su mal. Solo obtenía listados de somníferos entre otros medicamentos de efectos aletargantes. Intentó volverse invisible para el enemigo con sus audífonos y frascos de pastillas.</p>



<p>&nbsp;Una mañana comenzó a sentir el sonido de una gotera. Era incesante y torturadora. Parecía que traspasaba incluso la música clásica y se colaba entre sus sueños configurando horrendas pesadillas. Se despertó, gritó y arrojó cada cosa que encontró a su paso.&nbsp;</p>



<p>—Quiero operarme —imploró.&nbsp;</p>



<p>Allí, en la consulta médica, solicitó extirparse los tímpanos o lo que fuese necesario para dejar de oír. Incluso los sonidos cotidianos le provocaban fobia. Sin saber si derivarla a un psiquiatra o acceder a sus peticiones, el doctor la envió a hacerse exámenes que pudiesen dilucidar el estado actual de sus conductos auditivos y evaluar la viabilidad del asunto, pero, sobre todo, con la intención de obtener tiempo para que pudiese recapacitar.</p>



<p>—¿Usted ha introducido cuerpos extraños en sus orejas?</p>



<p>Negó con una rabia fulminante, ¿cómo era posible una pregunta como esa?, ¿por qué estaría metiéndose cosas en las orejas? Se puso de pie dispuesta a irse en búsqueda de algún cirujano que accediera a su pedido. Después de todo, seguro que alguno accedía sin tanto rodeo mientras recibiera su justa paga. Es más, estaba dispuesta a sacar todos sus ahorros y pedir un préstamo si aquello fuese necesario.&nbsp;</p>



<p>—Estos son los resultados obtenidos en el laboratorio —le dijo el doctor.</p>



<p>—¿Dónde están mis imágenes? Esto parece sacado de una revista de deco-hogar —dijo volviendo a su asiento mientras revolvía las impresiones.</p>



<p>—Este es el interior de su canal auditivo —dijo y posó la punta del lápiz.&nbsp;</p>



<p>Con los ojos abiertos en extremo sujetó la fotografía. A lo largo se extendía un sofá de dos cuerpos frente a una alfombra colorida y sobre esta, una pequeña mesita. Al otro lado un&nbsp;<em>berger</em>&nbsp;donde una extraña silueta borrosa parecía ocultarse tras un gran periódico. Cerca del tímpano había una cocinilla, un refrigerador y una mesa de comedor. Atravesando el tímpano, yacían un inodoro, una bañera y un espejo.</p>



<p>—Su tímpano está perforado —dijo el doctor tratando de buscar objetividad.</p>



<p>Se levantó para examinar su oreja izquierda. Con una especie de pinzas comenzó a ingresar por el canal auditivo guiado por una luz y una lupa. Había logrado agarrar algo con las pinzas cuando un grito agudo y terrorífico resonó por toda la consulta. El doctor cayó sentado y ella miró asustada en todas direcciones. Un fuerte zumbido salió por sus orejas junto con un hombrecito de cuerpo delgado e impecable traje púrpura que volaba alrededor sobándose el hombro. Los observó por unos segundos mostrando los dientes y batió sus alas de coleóptero a toda velocidad para escabullirse por la ventana semiabierta.</p>



<p>—Tendré que hacerle una cirugía para sacarle el resto de la casa, solo este pequeño folleto quedó entre las pinzas… —dijo temblando el doctor.</p>



<p><strong>CINCO LUGARES GENIALES PARA VIVIR ANTES DE MORIR</strong></p>



<p>Casas prefabricadas.</p>



<p>Ambiente perfecto.</p>



<p>Sugerencia: si bloquean la puerta, envíe señales de humo.</p>



<p>Sin garantía.</p>



<p>¡Por este mes mudanza gratis!</p>



<h1>&nbsp;</h1>
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		<title>El príncipe Kelebek</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Constanza Cofré Berger]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Mar 2023 11:11:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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							<p><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Ahogó la pluma. Tenía tinta salpicada en las mejillas y su mano se estremecía en los trazos que vagaban por los laberintos más secretos de su corazón. Creía que aquello le ayudaría a develar el momento en que decidió olvidarse de sí mismo. Aislado en la torre más alta de la Casa Real, añoraba secretamente el regreso de las mariposas.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>De su infancia, el pequeño príncipe heredero recordaba dos cosas: la primera, que jugaba y corría entre cientos de mariposas; y la segunda, que su destino, gustos y linaje ya habían sido elegidos por otros. A los siete años conoció a su prometida, la princesa, a quien detestaba. Cada visita era una tortura y una sentencia de muerte para él y los hermosos insectos que batían las alas intentando esquivar los manotazos. </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Cuando el príncipe Kelebek dormía, las mariposas formaban coloridos lienzos extendiéndose por los marcos de las puertas y ventanas, si es que no habían conseguido entrar a su cuarto, e incluso colgaban sus crisálidas bajo los muebles. En aquella época, y hasta antes del fatal acontecimiento que las hizo desaparecer, solía tener sueños vívidos donde le transmitían imágenes de parajes desconocidos. </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Las flores del manzano abrieron sus pétalos «esa mañana» y junto a la brisa traviesa un grupo de mujeres atravesó el jardín para ofrecerse a trabajar en la Casa Real. Desde el salón, el príncipe de dieciocho años observó la frecuente escena y, desinteresado, continuó hojeando una novela extranjera. Le hizo regresar la mirada una ovación y vio como una de las mujeres sostenía con naturalidad las mariposas entre sus palmas. Se levantó y se acercó con los ojos bien abiertos, como si hubiese encontrado por primera vez en el mundo a alguien de su misma especie. Ella traía puesto un vestido de algodón, largo y desgastado, bajo una chaqueta de lana y unos botines de cuero bordados. Su piel le pareció una mezcla de seda y pétalos de rosa. Estaba fascinado ante tal espectáculo. Una de las mujeres, cuya boca emitía una peculiar risotada, le hizo una reverencia y jaló bruscamente a la otra para perderse rápidamente de vista por las puertas de servicio.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Ella se alejó arrastrada por aquel tumulto ruidoso, junto a una mariposa azul que seguía prendida de su cartera. Sus ojos se encontraron por un instante. Su largo cabello, castaño y liso, resaltaba su semblante con un par de trenzas. Después de tomar el carboncillo, un montón de papel dio cuenta del sinnúmero de bocetos que buscaban retratar cada ángulo del inusitado encuentro. Temía que el tiempo se atreviese a tocar y desfigurar sus recuerdos. Los barcos en su interior lanzaban fuegos artificiales y recorrían su abdomen en un sutil cosquilleo. Quería recorrer y explorar sus nuevos sentimientos, encallar y conquistar la isla.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Su madre lo sustrajo de aquel universo extático cuando le anunció que iban a comenzar los preparativos de su boda, que se celebraría durante la próxima primavera. Silente sobre la hierba, se apoyó en la corteza mientras las mariposas se acomodaban, como de costumbre, en su cabeza y extremidades. Trataba de ser racional y quitar con pinzas la mirada de aquella mujer de sus pensamientos, pero también, cuando llegaba el momento en que sus ojos atrapaban los suyos, experimentaba un sentimiento tan puro que no lograba convencerse de que debía abandonarlo. Con la repulsiva imagen de la emoción que todos sentían ante su matrimonio, empezó a desgarrar el pasto como si quisiese enterrarse en el fondo de la tierra.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Bajo las nubes e ignorando los susurros de los sirvientes, aquella mariposa azul regresó a casa. Se posó en su nariz. Él sabía que era la misma, podía reconocer el lunar amarillo sobre su ala derecha. Se incorporó sosteniéndola sobre su dedo índice, y advirtió que, entre sus patas, traía un pequeño pergamino que decía: </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          ¿Me recuerdas?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Sostuvo el papel entre sus dedos releyéndolo desde todos los ángulos, ¿lo habría confundido con otro? Tenía que averiguar si era ella. Entró a su habitación y, cerrando la puerta, tomó del cajón una pequeña y colorida pluma de colibrí. La sumergió en la tinta e hizo una prueba. Cuando encontró la cantidad de tinta adecuada para escribir una carta de proporciones diminutas que siguiese resultando legible, escribió y enrolló cuidadosamente el pergamino atándolo con un hilo dorado. Lo levantó entre sus dedos y la mariposa, sosteniéndolo entre sus patas, emprendió el vuelo. </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          ¿Nos conocemos?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Un sueño que había tenido cuando era un niño comenzó a volverse recurrente. Estaba en un lugar profundo, no podía moverse y la tierra caía sobre él. Una mano fría y amoratada sostenía la suya. Crecía la hierba salvaje ensombreciendo el nacimiento de las flores y una mariposa azul lo sobrevolaba. Escuchaba lamentos y oraciones. Despertaba ahogándose y su cuerpo parecía un pedazo de hielo. Se contraía al intuir que había un asunto pendiente, y aunque no lograba recordar qué, la sensación de un vacío lo atravesaba como una lanza.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>La mariposa regresaba sin respuestas. Replicó el boceto de su rostro en una pequeña versión, y como tampoco hubo novedad, se atrevió a enviarle una tercera carta con uno de los cientos de poemas que a esas alturas le había escrito:</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          Rostro de seda</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          néctar en el desierto</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          mi dulce flor.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Cerró los ojos y se miró a sí mismo. </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Por qué estás tan afligido, tan obsesionado y tan sombrío?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—Creo que he olvidado algo importante…</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Qué podría ser más relevante que vivir el presente?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—No lo sé… </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Dónde te gustaría estar?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—Ya sabes, cuando veo la flota partir a lo lejos, una parte de mí también se va con ellos, pero ahora…</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Estás enamorado?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—Sería prematuro aventurarme a creerlo, ¿y qué es el amor? </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Y qué te detiene para descubrirlo?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—Mi padre, mi madre, mis responsabilidades de futuro heredero. Si me atrevo a cruzar el umbral y me asesinan, con ello también sucumbiría la esperanza de la dinastía.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Desde cuándo te volviste tan importante?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Y acaso no lo soy? </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—¿Si lo fueras, no podrías elegir por ti mismo?</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Recobró la vista con la amarga sensación de haber estado viviendo como una pieza inerte dentro de un tablero de juegos. Su aflicción se apaciguó cuando una mariposa azul de lunares blancos atravesó la ventana y se posó sobre su dedo al extenderle la mano.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Cuando reviso las páginas de mi alma</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>recuerdo lo que a tus ojos todavía es un misterio.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>No sabía si le escribía en una especie de código o era un tipo de poesía demasiado profunda para su comprensión. Solo deseaba saber más de ella. Empezó a recibir con frecuencia las cartas de aquella mujer cuyo nombre desconocía, pero a quien, por la suave cadencia de sus versos, llamó Pamuk. Con cada nueva misiva se intensificaba en él una llamarada hasta entonces desconocida. Había una inusitada familiaridad en las palabras y expresiones, como un amor que se reencuentra después de la tragedia. Su última carta decía: </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          Aunque empezamos nuestras vidas separados</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          siempre llega el momento en que nos reconocemos de inmediato</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          pero mala suerte la nuestra que en cada florecimiento</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>          nos arranca de la tierra una sombra.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Las mariposas azules habían desaparecido y ninguna otra parecía querer tomar el lugar de mensajera. Había transcurrido una semana sin que pudiese comunicarse con Pamuk, después de llevar durante meses una comunicación diaria. Pese a que ignoraba las escabrosas consecuencias, salió de la Casa Real. Recordó que el impostor se colaba con naturalidad en cualquier lugar tomando el aspecto de la gente común y, en el final de las páginas, siempre se salía con la suya.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Tomó una capa vieja que yacía olvidada por algún sirviente en el establo. Atravesó el portal de madera con una cesta en su regazo y por una moneda se subió a una carreta para llegar hasta la ciudad. Solo había ido en ciertas ocasiones, y siempre husmeando desde la ventanilla de la carroza, resguardado por el paso firme de un escuadrón. </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Las horas se consumieron visitando puestos, tiendas y salones de té. Entre tantos rostros que se acumulaban llegando el atardecer, no halló el que amaba. A lo lejos, reconoció una risa explosiva; se trataba de una de las mujeres que se encontraba en el grupo de aquel día. La mujer se despidió de un hombre y retornó a su morada en las afueras. Tras la caminata que empolvó sus zapatos, dobló en dirección a una casa de madera oscura y musgosa. La recibió una mujer con una lámpara, probablemente su madre. No parecía haber nadie más. </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Moviéndose entre los árboles, el príncipe continuó su paso dispuesto a regresar. Un griterío en la oscuridad cambió su ruta y se aproximó hasta una pequeña cabaña. Un hombre vaciaba un cajón lleno de lo que parecían libros, papeles y tinta sobre una fogata. «¡Sinvergüenza! ¡Maldita!», no dejaba de repetir. Cuando las llamas crecieron advirtió que en ese rostro húmedo habitaba Pamuk. El hombre, que se tambaleaba, bebió un poco más de aguardiente y se acercó con un cuchillo mientras vociferaba. El príncipe Kelebek dio un paso dispuesto a socorrerla. En ese instante, uno de los guerreros de élite de su padre lo jaló con fuerza por el extremo de la capa y lo hizo caer. Se puso de pie para volver a correr hacia Pamuk y lo golpeó con la cesta. Ante su insistencia, el hábil guerrero le asestó un veloz y certero golpe de dedos bajo las orejas que le hizo caer inconsciente.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Arrojado en un subterráneo, a veces lograba despertar y se veía en un charco carmesí. Sus dedos punzaban desnudos de uñas y su cuerpo era un prado de carne abierta. Sucumbía ante los flagelos de su padre, quien lo acusó de colaborar con el enemigo para quedarse con su imperio. No tenía respuestas para las interrogantes que trataban de buscar un rastro conspirativo. Aquello parecía una excusa para liberar su odio, que desde tiempos insospechados se acumulaba en sus nudillos. A ojos de su padre, solo se trataba de un inútil que era incapaz de cazar como un verdadero hombre y atravesar a los animales con la punta de la flecha. El príncipe no deseaba matar ni siquiera una hormiga. Aunque el emperador tenía más hijos con otras mujeres, para su pesar, el príncipe Kelebek era el único heredero al ser el hijo de su legítima esposa, la emperatriz; quien, además, no permitiría que fuese de otra forma, ya que así también aseguraba su futuro.</p>
<p>Pasó meses absorto en su lecho, vendado y creyendo que no conseguiría ponerse de pie jamás. Los barcos que pensó habían llegado a la costa, se estrellaron contra las rocas desapareciendo en las profundidades. Salió de su cama arrastrándose y tiró el libro del impostor a la basura con las páginas hechas trizas. Se movió como una oruga hasta el jardín, que lucía como una desolada extensión de pasto seco. Las mariposas se habían ido. Se lanzó dando vueltas por las escaleras, quedando a merced de los copos de nieve. Un grupo de sirvientes lo subió a una camilla.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Todavía no recogía sus pedazos cuando llegó el día de su boda y compartió cama con una mujer a la que nunca miró, quien, con los años, sin saber cómo ni con quién, fue capaz de concebir dos hijos. Extrañaba la soledad de su habitación de príncipe y prontamente se cambió a una habitación en lo alto de una torre, donde nadie interrumpiese sus pensamientos marchitos.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Después de largos años de existencia, el emperador dejó el mundo físico y, en ese momento, Kelebek asumió el trono. No tenía interés en continuar con los asuntos del reinado de muerte, y, además, su madre y su esposa parecían bastante ocupadas en ello. </p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Autoexiliado, ignoraba cuando llamaban a su puerta, y a quien se atrevía a fastidiar su tarde le arrojaba lo que encontrase: jarrones, libros, zapatos o lo que fuese. Su forma huraña y agresiva de relacionarse había devorado todo atisbo de aquel joven que, bajo las nubes, deseaba esfumarse entre el oleaje que lo aproximaría a conquistar las estepas y valles; parajes indómitos que esperaban todavía con ansia recibirlo sobre las suelas de sus botas de capitán.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Caminaba lento, arrastrando la pierna derecha, como si después de tantos años nunca se hubiera recuperado de aquella paliza. Verse a sí mismo dentro de su piel manchada y agrietada, con el poco cabello que aún le quedaba, le hacía pensar acerca de su efímera existencia. Dejó la pluma a un lado, esperando a que el papel se secase. Había completado la última página de su época oscura: «¿Será que me acerqué al amor algún día o solo fue un absurdo capricho que me arrastró a la muerte?».</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>Amaneció en el desierto y una anciana que comenzaba a trabajar en la Casa Real le llevó una bandeja de té decorada con una flor de manzano. La mujer levantó la tetera y mientras se deslizaba el agua vaporosa, toda la atención del emperador fue capturada por el rastro de una profunda cicatriz en su semblante cuya geometría se asemejaba a una mariposa. Sonrió. Su piel le pareció tan hermosa como la primera vez que la vio. Al recibir la taza sintió su mano fría rozar la suya, y recordó cuando la tierra cayó sobre sus cuerpos inmóviles, sepultándolos. Ella se sentó a su lado y, antes de hablar, una ráfaga de viento abrió las hojas de la ventana y un torbellino colorido como un arcoíris se posó en Kelebek. Las mariposas habían regresado.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --><!-- wp:paragraph --></p>
<p>—Ahora que sobrevivimos a la muerte y que nuestro amor permaneció como una lámpara encendida, dejemos atrás la oscura desdicha que nos ha marcado durante todas nuestras vidas.</p>
<p><!-- /wp:paragraph --></p>						</div>
				</div>
					</div>
		</div>
							</div>
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		<title>Prórroga permanencia transitoria (turismo)￼</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Constanza Cofré Berger]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Oct 2022 09:39:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[Antes del vencimiento de la permanencia transitoria se debe solicitar la prórroga de la misma.   ¿Qué necesito para ello? 1.    Pasaporte, documento de identidad o documento autorizado con el que haya hecho ingreso. 2.    Acreditar solvencia económica. 3.    Tarjeta de Permanencia Transitoria (Vale decir,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="974" class="elementor elementor-974">
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							<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">Antes del vencimiento de la <strong>permanencia transitoria</strong> se debe solicitar la <strong>prórroga</strong> de la misma.</span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;"> </span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span style="text-decoration: underline;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">¿Qué necesito para ello?</span></span></p><p class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin: 0cm 0cm 0cm 36pt; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000; text-indent: -18pt;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">1.<span style="font-variant-numeric: normal; font-variant-east-asian: normal; font-stretch: normal; font-size: 7pt; line-height: normal;">    </span></span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">Pasaporte, documento de identidad o documento autorizado con el que haya hecho ingreso.</span></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin: 0cm 0cm 0cm 36pt; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000; text-indent: -18pt;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">2.<span style="font-variant-numeric: normal; font-variant-east-asian: normal; font-stretch: normal; font-size: 7pt; line-height: normal;">    </span></span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">Acreditar solvencia económica.</span></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin: 0cm 0cm 0cm 36pt; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000; text-indent: -18pt;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">3.<span style="font-variant-numeric: normal; font-variant-east-asian: normal; font-stretch: normal; font-size: 7pt; line-height: normal;">    </span></span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">Tarjeta de Permanencia Transitoria (Vale decir, Tarjeta Única de Turismo entregada por PDI al momento de ingresar a Chile).</span></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin: 0cm 0cm 0cm 36pt; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000; text-indent: -18pt;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">4.<span style="font-variant-numeric: normal; font-variant-east-asian: normal; font-stretch: normal; font-size: 7pt; line-height: normal;">    </span></span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">Indicar los motivos que hacen necesaria la prórroga acompañando los documentos de respaldo, si correspondiere.</span></p><p class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="margin: 0cm 0cm 0cm 36pt; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000; text-indent: -18pt;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">5.<span style="font-variant-numeric: normal; font-variant-east-asian: normal; font-stretch: normal; font-size: 7pt; line-height: normal;">    </span></span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">Una computadora, tablet o teléfono para realizar la solicitud online.</span></p><p class="MsoListParagraphCxSpLast" style="margin: 0cm 0cm 0cm 36pt; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000; text-indent: -18pt;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">6.<span style="font-variant-numeric: normal; font-variant-east-asian: normal; font-stretch: normal; font-size: 7pt; line-height: normal;">    </span></span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">100 USD, pago de derechos de la prórroga.</span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;"> </span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span style="text-decoration: underline;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">¿Tu permiso está vencido?</span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span style="font-size: 14pt; background-color: #faeedd;">Si tu permiso está vencido, no estás habilitado para pedir la prórroga. Deberás pagar la multa y salir del país.</span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;"> </span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;"><span style="text-decoration: underline;">¿Y puedo optar a la residencia en vez de prorrogar el turismo?</span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">La respuesta es SÍ, siempre que se cumplan ciertos requisitos de los cuales hablaré en otro <a href="https://constanzacofreb.cl/2022/10/21/896/">este post (click).</a></span></p><p class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 0cm 36pt; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;"> </span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;"> ¿Dudas?</span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;"> abogada@constanzacofreb.cl </span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm; font-size: 12pt; font-family: Calibri, sans-serif; color: #000000;"><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt;">+56964992188</span></p>						</div>
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